10 febrero 2007

Un aluvión de correspondencia

Me he convertido en alguien popular. Me escriben los políticos. A la carta de Diego Valderas que comentaba ayer se han sumado otras de Javier Arenas, Manuel Chaves y Julián Álvarez y Agustín Villar en comandita. Los dos primeros me dicen que quieren lo mejor para Andalucía y que por eso tengo que votar que el 18 de febrero; los otros me dicen que quieren lo mejor para Andalucía y que por eso tengo que votar que No, no sé qué pasa con un gol que le quieren meter a Andalucía y mandarla a la segunda división de las autonomías, todo escrito así, en plan de símil deportivo bastante chusco, populista y demagógico. Javier y Manuel se presentan con un "Querido/a amigo/a", pero Javier me tutea sin rubor (igual que Diego) y no, Javier, no, que yo a usted no lo conozco de nada, hombre, por favor, aunque es verdad que por lo menos no comete faltas de ortografía (¡ay Manuel, Manuel, haciendo novillos el día que explicaron el tema de la tilde diacrítica!) y nos evita el espectáculo, repetido ad náuseam, de "andaluces y andaluzas". Pero el fondo retórico es insufrible. Javier repite el mantra de la Constitución y la indivisibilidad de España, como para creerse mejor que el Estatuto es hijo suyo, y Manuel habla de retos adaptativos (es casi darwinismo político lo suyo), de derechos y ambientalismo, y -¡horror de los horrores!- pide 20 años más de confianza para colocar a Andalucía "en el grupo de regiones más modernas y avanzadas de España y de Europa".

Siguen sin explicarme cómo ese texto mal escrito, que elude la realidad para fundarse en los mitos y que se dedica a reglamentar la vida de los individuos hasta límites de alcoba va a influir en el desarrollo futuro de nuestra sociedad. Debe de ser cuestión de fe. Por mí, todo este despilfarro de energías, de tiempo, de medios, de dinero se lo podrían haber ahorrado. (Me conformo con tan poco de los políticos que, a día de hoy, me daría por satisfecho con que alguien me explicara de forma convicente (sin carta, por favor) cómo es posible que el Puente de San Telmo, ese que usan diariamente de forma obligada miles de viandantes de la ciudad en la que habito, lleve más de dos meses convertido en un infame sendero de cabras.)

¡MENOS ANDALUCÍA Y MÁS CIUDADANÍA!