28 mayo 2006

Preámbulo (IV): En la frontera

Esta síntesis perfila una personalidad andaluza construida sobre valores universales, nunca excluyentes. Y es que Andalucía se asienta en un territorio que, vertebrado en torno y a lo largo del río Guadalquivir, constituye un nexo de unión entre Europa y el continente africano. Un espacio de frontera que ha facilitado contactos y diálogos entre norte y sur, entre los arcos mediterráneo y atlántico, y donde se ha configurado como hecho diferencial un sistema urbano medido en clave humana.

El mito se atornilla convenientemente en sus goznes de universalidad e irrenunciable fe en la bondad de la especie. De este modo, la nación emerge pura y nunca excluyente de la imaginación de sus constructores. La vértebra fluvial era del todo punto innecesaria, salvo que esté previsto reclamar después los beneficios de su explotación, en cuyo caso resultaba desde luego conveniente incardinarla en el centro justo de la columna mítica vertebral. En otra circunstancia, habría bastado con la apelación al nexo de unión y el cruce de caminos siempre fronterizos, un verdadero peligro para cualquier identidad (que le pregunten si no a los sioux), salvo para la andaluza, que ha quedado ya claro que resulta de una mezcla incombustible de todo lo tangible e intangible que haya habido, haya o pueda haber en el pasado más lejano, en el presente más impecable y en el más remoto futuro. Resulta digna de estudio la fijación socialista con las encrucijadas, en la imaginación del constructor nacional eterno espacio de diálogo y pacífico mestizaje. Ayer Zapatero, en relación a León: “Un Noroeste que nació con vocación de encuentro y cuya situación de cruce de caminos lo hace imprescindible a la hora de entender qué es y, sobre todo, qué queremos que sea España”. Sobre todo, qué queremos. Ahí refulge la labor del picapedrero nacional. Construyendo la realidad a imagen y semejanza de sus mitos. Y el colofón, elevando el invertebrado disparate a alturas siempre estratosféricas, nunca fronterizas: las ciudades andaluzas, medidas en clave humana (no consta la estatura del modelo), como hecho diferencial. El picapedrero nacional no ha salido de su aldea.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Los primeros que pisaron mi tierra llegaron de Fenicia por el Mar Mediterráneo.
Desde mi casa no llega el Guadalquivir ni embotellado.

Así pues me temo que hablan de algo que no sólo levanta pasiones sino rechazo. Esta no es la Andalucía que queremos sino la Andazulía que quieren

Por una Andazulía Oriental Libre!!!!

Manolo de la Torre dijo...

He descubierto hoy esta página gracias al reportaje de Luis Vilches en El Mundo. ¡Qué alegría! Cuánto reconforta ver que queda gente con luces. No tengo ahora tiempo de leer los artículos con detenimiento, pero volveré encantado para hacerlo.

Escribo mi comentario aquí porque, de lo que conocía del preámbulo, me parecía una torpeza tremenda (además de una incorrección) lo de la vertebración fluvial. Evidentemente el Guadalquivir no vertebra "el territorio Andaluz". Si acaso a una buena parte de él (las provincias occidentales, pero no a las orientales). ¿Si no por qué hay dos organismos hidrológicos, la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y la antigua Confederación Hidrográdica del Sur, actual Cuenca Mediterránea Andaluza?.

En fin, es una torpeza que, escrita en cualquier artículo de opinión, no tendría más trascendencia, pero plasmada en todo un Estatuto de Autonomía, tiene los efectos que se ven en el comentario escrito antes del mío. Desde luego que con cosas como esa no se consigue fomentar el "sentimiento andaluz" sino al contrario, el rechazo a Andalucía como reacción ante la Andalucía oficial del régimen, que parece que no existe fuera de los límites de la Cuenca del Guadalquivir...

Mis felicitaciones a los responsables de andazuliaisdifferent.