30 mayo 2006

Preámbulo (VI): Los sacrificios

El ingente esfuerzo y sacrificio de innumerables generaciones de andaluces y andaluzas a lo largo de los tiempos se ha visto recompensado en la reciente etapa democrática, que es cuando Andalucía expresa con más firmeza su identidad como pueblo a través de la lucha por la autonomía plena. En los últimos 25 años, Andalucía ha vivido el proceso de cambio más intenso de nuestra historia y se ha acercado al ideal de Andalucía libre y solidaria por la que luchara incansablemente Blas Infante, a quien el parlamento de Andalucía en un acto de justicia histórica reconoce como Padre de la Patria Andaluza en abril de 1985.

Al antropólogo, el pedagogo y el picapedrero se une ahora el historiador, que viene dispuesto a darnos algunas lecciones. La primera oscila entre el patetismo lacrimógeno de Douglas Sirk y la épica moral de Fred Zinnemann. Aquí no sufre ya sólo la gramática (la identificación entre la tercera persona del singular y la primera del plural, esto es, entre Andalucía y nosotros, era una exigencia del guión, pobrecito) ni la razón y la ética políticas (esa mixtificación de la autonomía como sinónimo de la libertad es parte del nauseabundo pero previsible discurso nacionalista), aquí sufre la dignidad de los andaluces (y las andaluzas), gratuitamente insultados. Yo siempre pensé que los andaluces se esforzaban y sacrificaban por sacar a sus hijos adelante, por vivir decentemente, por prosperar, por ser razonablemente felices y hacer felices a los seres queridos, en definitiva, por todo aquello por lo que la gente se ha esforzado y luchado siempre. Pero no. Ha llegado el historiador para aclararnos que los andaluces llevan generaciones sacrificándose por la autonomía plena. Menos mal que ya han sido recompensados. El sacrificio ritual al que innumerables generaciones de andaluces se sometieron voluntariamente, ha alcanzado su sentido pleno en el día de hoy, en el que, cautivas y desarmadas la razón y la decencia, las huestes andalucistas han alcanzado sus últimos objetivos. Desde su trono celestial, levantado con la justicia reservada por la historia para los héroes de la patria, el Padre de la Madre las observa arrobado, mientras prepara dulcemente el salón de las huríes.

(Por si alguien quiere hacerse el listillo y el olvidadizo, el historiador imparte también clases particulares a domicilio. Razón: 13, rue del Percebe)